Vigilia de la A.N.E.
Santo Rosario
Misterios Gozosos
Primer misterio: La Encarnación del Hijo de Dios
"El ángel del Señor anunció a María; y concibió por obra del Espíritu Santo".
Adoramos el Cuerpo de Cristo formado en las purísimas entrañas de María y presente en el Santísimo Sacramento.
El verbo encarnado pide de nosotros que le continuemos encarnando en nuestras propias vidas y, a través de nosotros, en el mundo de hoy.
Segundo Misterio: La Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel
"¿De dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a visitarme? -dijo Isabel a María-. Así que sonó la voz de tu salutación en mis oídos, saltó de gozo el niño en mi seno" (Lc 1, 43-44).
Visita del Señor en María; santificación del niño Juan el Bautista. El Señor se presenta como Enmanuel, Dios con nosotros.
Acojamos su visita. El Señor Jesús pasa salvando. Dejémonos santificar a su paso en la adoración de las noches.
Tercer misterio: El Nacimiento del Hijo de Dios en el portal de Belén
"Os anuncio un gran gozo: os ha nacido un Salvador, que es el Cristo Jesús" (Lc 2, 10-11).
El mismo Cristo Jesús continúa salvando desde la Eucaristía.
¿Sigue siendo el anuncio del nacimiento de Cristo gozo para nosotros frente a la incomprensión o indiferencia de algunos otros?
Cuarto misterio: La presentación de Jesús en el Templo
"Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor" (Lc 2, 22). Allí Simeón profetizó que el niño "está puesto para caída y elevación de muchos y para señal de contradicción" (Lc 2, 44).
El adorador y la adoradora son también presentados al Señor en la vigilia nocturna. ¿Nos sentimos ofrecidos como Jesús en brazos de María? ¿Salimos de la adoración dispuestos a que nuestra vida sea contradicción para quienes obran mal y sea a la vez luz para iluminar a las naciones?
Quinto misterio El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo
"Al cabo de tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros escuchándoles y preguntándoles" (Lc 2, 45).
Cuando lo vieron su Madre y san José, díjole ella: "Hijo, ¿por qué has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando" (Lc 2,48).
Escuchar y preguntar a Jesús, buscarle en el recinto sagrado del templo y en los templos del Espíritu Santo que son todos y cada uno de los hombres.
En la oración le hablamos y le escuchamos; aquí en el templo y fuera en los hombres nuestros hermanos, buscamos su presencia ¿con qué asiduidad y anhelo?
Misterios Dolorosos
Primer misterio: La oración en el Huerto
"Velad y orad para que no caigáis en tentación. ¿No habéis podido velar una hora conmigo?" (Mt 26,40-41).
El clamor de Cristo a sus apóstoles en la noche de su entrega repercute en nuestros corazones de veladores.
Nuestra vigilia y oración adoradora acompaña a Cristo, se sacrifica con Él y repara al Padre por los mismos fines que el sudor, la angustia y la oración suplicante de Jesús en Getsemaní.
Segundo misterio: La flagelación de Jesús atado a la columna
"Pilatos tomó entonces a Jesús, y lo azotó" (Jn 19,1).
Ya lo predijo el Salmo 128: "Aradores araron sobre mis espaldas, trazando largos surcos".
Jesús sabe experimentalmente de sufrimientos; comprenderá siempre los nuestros.
Podemos hacerlos suyos con el ofrecimiento y la intención, como cumpliendo en nosotros, según decía S. Pablo, lo que falta a la Pasión de Cristo, por su cuerpo que es la Iglesia.
Tercer misterio: La coronación de espinas
"Tejiendo una corona de espinas se la pusieron sobre la cabeza y doblando ante Él la rodilla se burlaban diciendo: Salve, Rey de los judíos" (Jn 19,2-3).
Nosotros, en reparación, le confesamos nuestro Rey glorioso; doblando las rodillas le adoramos como Dios; nuestras alabanzas y acciones de gracia neutralizan aquellas burlas, las de entonces y las de hoy, las de los demás hombres y las nuestras, conscientes o inconscientes.
Te adoramos, oh Cristo Dios, Señor y Rey del universo.
Cuarto misterio: Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario
"Llevando la Cruz, Jesús salió al sitio llamado Calvario" (Jn 19,17).
Desde entonces sabemos todos que el discípulo de Jesucristo es el que toma cada día su cruz y le sigue.
El esfuerzo diario, las contradicciones, las han de soportar todos los hombres. Los cristianos soportamos estimando como Cristo el sacrificio diario, nuestra cruz, que nos identifica con Él y nos garantiza que vamos por su camino.
A nuestro lado, con la cruz de cada uno, quisiéramos acompañar a llevarla con gozo a todos los que sufren.
Quinto misterio: La crucifixión y muerte de Jesús
"Cuántas veces comiereis de este Pan y bebiereis de este Cáliz, anunciaréis la muerte del Señor, hasta que vuelva" (1 Cor 11, 25).
En la Eucaristía anunciamos la muerte de Jesús. Este misterio de nuestra fe queremos vivirlo intensamente los que hemos sido llamados a adorar la Eucaristía.
Lo anunciaremos con nuestro gesto adorador en el silencio de la noche, con la contemplación de la cercanía de Cristo, muerto y resucitado, que vuelve a presentar incruentamente ante nosotros en su Iglesia aquel acontecimiento cruento.
Lo anunciaremos convertidos en portavoces con nuestra palabra y con nuestras vidas entregadas para la salvación de los hombres, nuestros hermanos.
Misterios Gloriosos
Primer misterio: La resurrección del Hijo de Dios
"Por qué buscáis entre los muertos a Aquel que vive? Resucitó. No está aquí" (Lc 24,5).
La interpelación de los ángeles a las mujeres podía extenderse a los hombres de todos los tiempos. ¡Cuántos andan buscando a Cristo entre los muertos!
Y Cristo no está ahí.
Nosotros sabemos que el Señor vive. Que ha puesto su tienda entre nosotros, que permanece con nosotros.
Y vivimos en la fe el gozo de María aquella mañana de Pascua, cuando supo que su Hijo había resucitado.
Por eso la saludamos, gozándonos con ella del cumplimiento de nuestra esperanza: ¡Alégrate, Virgen María! ¡Cristo ha resucitado!
Segundo misterio: La Ascensión del Señor al cielo
"Varones de Galilea ¿qué hacéis mirando al cielo? El mismo Jesús… vendrá de igual manera que le habéis visto marcharse al cielo" (He 1,11). "Id por todo el mundo a predicar la Buena Noticia a toda la creación" (Mc 16,15).
Este fue el mensaje de Cristo, el mensaje de los ángeles.
Desde entonces, los discípulos, y los seguidores de Jesús a través de los siglos, caminamos con los ojos y el corazón en el cielo, esperando la venida definitiva del Señor; y con los pies bien afincados en la tierra, testigos de la esperanza, levando por doquier el reflejo de su presencia.
Nosotros somos los discípulos de hoy. ¿Es así nuestra vida, nuestro testimonio?
Invoquemos a María contemplado ese misterio para que afiance nuestra fe; para que, a su lado, sepamos caminar por el mundo, peregrinos de la esperanza, hasta el encuentro definitivo.
Tercer misterio: La venida del Espíritu Santo
"Y todos se llenaron del Espíritu Santo" (He 2,4).
Desde este momento, animada por el Espíritu, comienza la vida de la Iglesia, su quehacer adorador y misionero.
También en nosotros alienta el Espíritu Santo. Él es quien nos hace comprometernos, vigilantes, ante las necesidades del mundo. Él es quien ha infundido en nosotros la llamada a la adoración. Y, cuando adoramos, es en el Espíritu en quien nosotros adoramos.
Seamos conscientes de la grandeza de nuestra vocación. Seamos dóciles a la voz del Espíritu.
Pidamos a María que permanezca a nuestra lado, como en los tiempos de la Iglesia naciente, animando nuestro quehacer, fortaleciendo nuestra vocación de hacer presente al Señor en el mundo.
Cuarto misterio: La Asunción de María al cielo
"Bienaventurada tú que has creído, porque se cumplirá en ti las palabras que te han dicho de parte del Señor" (Lc 1,45).
Recordamos ahora estas palabras de Isabel a María: porque has creído, ha sido merecedora de las primicias de la Redención.
El cuerpo donde Cristo se hizo carne mereció ser, después del de Jesús, el primero glorificado. María, la más incorporada a Cristo, recibe la primera la glorificación prometida.
En María vemos el anticipo de nuestra resurrección. Nuestros cuerpos resucitarán. Y veremos a Dios cara a cara.
Adorando al Hijo y, muy cerca de Él, invocando a la Madre, exultamos con ella en el gozo anticipado de la resurrección, de la vida que no muere.
Quinto misterio: La coronación de María como Reina y Señora de todo lo creado
"Y había un letrero encima de la cruz que decía: Jesús Nazareno, rey de los judíos" (Jn 19,20).
Junto a este rey, al pie de la cruz, estaba María, la Madre, la Reina. Junto al rey, en el acto de su entrega total.
Porque el reino de Cristo no es un reino de batallas y triunfos y honores. Reinó desde el madero. Es un reino de ofrenda de la vida por los demás. De ofrenda de su vida para que os demás vivan. Al adorar al Señor en el supremo sacrificio de inmolación, también nosotros nos consideramos inmolados, dispuestos a dar pedazos de nuestra vida en unión con Cristo inmolado por la salvación del mundo y el establecimiento de su Reino.
¿Estamos llenos de esperanza? ¿Estamos seguros del reinado definitivo? ¿Contribuimos a construirlo, con esfuerzo, aquí en la tierra?
Pidamos a María, Reina porque Jesucristo su Hijo es Rey, que nos haga súbditos fieles de ese Reino, "Reino de verdad y de vida, Reino de santidad y de gracia, Reino de justicia, de amor y de paz" (Prefacio de Cristo Rey).
Misterios Luminosos
Primer misterio: El Bautismo en el Jordán
"Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: "Este es mi Hijo amado, en quien me complazco"" (Mt 3,16-17).
Segundo misterio: Las bodas de Caná
"Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: "No tienen vino". Jesús le responde: "¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora". Dice su madre a los sirvientes: "Haced lo que él os diga"" (Jn 2, 1-5).
Tercer misterio: El anuncio del Reino de Dios
"El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1, 15).
Cuarto misterio: La Transfiguración
"Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz" (Mt 17, 1-2).
Quinto misterio: La institución de la Eucaristía
"Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: "Tomad, comed, éste es mi cuerpo" (Mt 26, 26).
LETANÍAS DE LA VIRGEN
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,
Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la misericordia,
Madre de la divina gracia,
Madre de la esperanza,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consuelo de los migrantes,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
ORACIÓN
Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
La Vigilia de la Adoración Nocturna es esencialmente una Vigilia de oración y adoración centrada en la Eucaristía, en nombre de toda la Iglesia. Nunca podrán faltar en nuestras vigilias: la oración personal y la oración litúrgica comunitaria que nos vincula a la Iglesia.
La Liturgia de las Horas es la oración que la Iglesia, en unión con Jesucristo, su Cabeza, y por medio de Él, ofrece a Dios. Se llama de las horas porque se efectúa en los principales momentos de cada día, que así es santificado junto con la actividad de los hombres (Laudes al comenzar el día; Vísperas al caer la tarde, Completas al acostarse...).
El Oficio de Lectura, desde los primeros siglos de la Iglesia, era la oración nocturna de los monjes mientras los hombres descansan; la alabanza y la oración del Señor no debe interrumpirse ni durante la noche.