Vigilia de Espigas
del Manual A.N.E.
PROCESIÓN DE BANDERAS
(Pág. 555 de Manual del Adorador)
A la hora anunciada, en lugar distinto, pero no distante de la Iglesia donde tendrá lugar la Vigilia, se concentrarán los adoradores/as de las Secciones asistentes, con la Banderas.
Lo mejor es que abra la marcha la Cruz Parroquial, a la cual siguen, en fila central, las Banderas, por orden de antigüedad.
Los adoradores/as marcharán a ambos lados, en fila sencilla o doble, según convenga por el número de asistentes y solemnidad de la procesión, conservando siempre las filas la misma longitud a ambos lados.
Cerrarán la marcha, en una o dos filas trasversales, los representantes que hubiere del Consejo Nacional, Diocesano, etc., después los sacerdotes y las autoridades locales.
Es imprescindible el grupo de cantores, que dirijan y entonen los cánticos, debidamente seleccionados y preparados.
Hay que evitar siempre: largos silencios, cantos mal entonados, y dobles cánticos en competencia.
VÍSPERAS Y SANTA MISA
(Pág. 555 de Manual del Adorador)
INVOCACIÓN INICIAL
(De pie)
Presidente:
Dios mío, ven en mi auxilio.
Todos:
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya)
HIMNO
(De pie. Todos)
Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en la horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
Divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.
SALMODIA
(Sentados. Recitada a dos coros)
Antífona 1
Todos:
Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra, en toda la tierra.
Salmo 8; MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Todos:
Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra, en toda la tierra.
(Breve pausa)
Antífona 2
Todos:
Aclama al Señor, tierra entera. Aleluya.
Salmo 28; MANIFESTACIÓN DE DIOS EN LA TEMPESTAD.
Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la gloria ha tronado,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica,
la voz del Señor descuaja los cedros.
El Señor descuaja los cedros del Líbano.
Hace brincar al Líbano como a un novillo,
al Sarión como a una cría de búfalo.
La voz del Señor lanza llamas de fuego,
la voz del Señor sacude el desierto,
el Señor sacude el desierto de Cadés.
La voz del Señor retuerce los robles,
el Señor descorteza las selvas.
En su templo un grito unánime: “¡Gloria!”
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno.
El Señor da fuerza a su pueblo,
el Señor bendice a su pueblo con la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Todos:
Aclama al Señor, tierra entera. Aleluya.
(Breve pausa)
Antífona 3
Todos:
Te damos gracias, Señor, de corazón; te damos gracias, Señor, cantamos para ti.
Cántico; HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS.
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Todos:
Te damos gracias, Señor, de todo corazón; Te damos gracias, Señor, cantamos para ti.
(Breve pausa)
Después de rezado el Cántico, comienza la Santa Misa con el canto del Gloria. Puede decirse la Misa de acción de gracias o por la santificación del trabajo humano.
SANTA MISA
Después de la Comunión, el ministro celebrante expone al Santísimo y, mientras inciensa el sacramento y el altar, se canta el Magníficat.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Magníficat; Alegría del alma en el Señor
Antífona
Todos:
Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
(De pie. Todos. † Se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar)
Proclama mi alma la grandeza del Señor.
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí;
su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios
de corazón, derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes, a los hambrientos
los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia
-como los había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Todos:
Bendita tu entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.