Vigilia de Espigas
del Manual A.N.E.


OFICIO DE LECTURA

INVITATORIO

(De pie. † Se hace la señal de la cruz sobre los labios mientras se dice:)

Presidente:

Señor, ábreme los labios.

Todos:

Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antífona

Salmista:

Venid, adoremos al pan de vida, Cristo el Señor.

Todos:

Venid, adoremos al pan de vida, Cristo el Señor.

Salmo 66: Que todos los pueblos alaben al Señor

Salmista:

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Todos:

Venid, adoremos al pan de vida, Cristo el Señor.

Salmista:

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Todos:

Venid, adoremos al pan de vida, Cristo el Señor.

Salmista:

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Todos:

Venid, adoremos al pan de vida, Cristo el Señor.

Salmista:

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Todos:

Venid, adoremos al pan de vida, Cristo el Señor.

Salmista:

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Todos:

Venid, adoremos al pan de vida, Cristo el Señor.

Salmista:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

Venid, adoremos al pan de vida, Cristo el Señor.

Los adoradores que no hacen el primer Turno de Vela se retiran, quedando agrupados en los primeros bancos aquellos que tienen a su cargo la primera hora de vela.
Los Turnos de Vela se sucederán hasta la madrugada, y cada uno de ellos será de una hora de duración.
Debe quedar muy claro desde el principio quienes han de hacer cada Turno de Vela para que el relevo sea silencioso y ordenado. Si, como es costumbre, se aprovecha el encuentro de varias Diócesis o Secciones para hacer alguna reunión, debe cuidarse que el Turno que ora durante la reunión quede cubierto y haya personas preparadas que lo dirijan.
Cada Turno repetirá el Oficio de Lecturas completo. Acabadas las lecturas, quedarán todos en silencio hasta concluir la hora de vela para dar cabida a la oración personal. Si el Jefe del Turno lo cree conveniente, puede interrumpirse el silencio por algún canto breve o antífona repetitiva.

TURNOS DE VELA

HIMNO
(De pie. Todos)

Omnipotente, altísimo, Bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor,
tan solo tú eres digno de toda bendición
y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.

Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticias de su autor.

Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras que tu poder creó
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡Loado mi Señor!

Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡Loado, mi Señor!

Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡Loado, mi Señor!

Y por la hermana tierra, que es todo bendición,
la hermana madre tierra que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color
y nos sustenta y rige: ¡Loado, mi Señor!

Y por los que perdonan y aguantan por amor
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor
porque les llega el tiempo de la consolación!

Y por la hermana muerte: ¡Loado, mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

¡No probarán la muerte de la condenación!
¡Servidle con ternura y humilde corazón!
¡Agradeced sus dones, cantad su creación!
¡Las criaturas todas, load a mi Señor!

SALMODIA
(Sentados. Recitada a dos coros)

Antífona 1

Todos:

Tu misericordia es eterna, Señor.

Salmo 64, 10-14: Solemne acción de gracias

Tú cuidas de la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
prepara los trigales;

riegas los surcos, igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes;
coronas el año con tus bienes, tus carriles rezuman abundancia;

rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría;
las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

Tu misericordia es eterna, Señor.

(Breve pausa)

Antífona 2

Todos:

Bendito seas por siempre, Señor.

Salmo 103, 1-4, 10-15: Himno al Dios creador

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.

Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del viento;
los vientos te sirven de mensajeros;
el fuego llameante, de ministro.

De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
en ellos beben las fieras de los campos,
el asno salvaje apaga su sed,
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto.

Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre.

Él saca pan de los campos,
y vino que le alegra el corazón;
y aceite que da brillo a su rostro,
y alimento que le da fuerzas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

Bendito seas por siempre, Señor.

(Breve pausa)

Antífona 3

Todos:

Abres tu mano, Señor, y sacias a todo viviente.

Salmo 103, 24-31

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.

Ahí está el mar; ancho y dilatado,
en él bullen, sin número,
animales pequeños y grandes;
lo surcan las naves, y el Leviatán
que modelaste para que retoce.

Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan; abres tu mano,
y se sacian de bienes;

escondes tu rostro, y se espantan;
les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

Abres tu mano, Señor, y sacias a todo viviente.

(Breve pausa)

PRIMERA LECTURA

(El lector proclama la lectura desde el lugar donde habitualmente se proclama la Palabra en la Misa)

Lector: Lectura del Libro del Génesis (1, 26-31)

Dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre cuentos animales se mueven sobre ella".

Y creó Dios al hombre a imagen y semejanza suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra; y los bendijo Dios diciéndoles: "Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre la tierra".

Dijo también Dios: "Ahí os doy cuantas hierbas de semillas hay sobre la faz de la tierra toda, y cuantos árboles producen fruto de simiente, para que todos os sirvan de alimento.

También a todos los animales de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a todos los vivientes que sobre la tierra están y se mueven les doy para comida cuanto de verde hierba la tierra produce". Y así fue.

Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho, y hubo tarde y mañana, día sexto.

(Se hace una pausa para reflexionar)

RESPONSORIO

Todos:

¿Qué es el hombre, Señor, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? Lo hicisteis poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies.

Salmista:

Rebaños de ovejas y toros, hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar.

Todos:

Le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies.

SEGUNDA LECTURA

(El lector proclama la lectura desde un lugar, a poder ser, diferente del que se usa para proclama la lectura bíblica)

Lector:

De la constitución Pastoral “Gaudium et Spes”, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano II (nº 34-35):

Creado el hombre a imagen de Dios, recibió el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo a sí la tierra y cuanto en ella se contiene, y de orientar a Dios la propia persona y al universo entero, reconociendo a Dios como Creador de todo, de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el nombre de Dios en el mundo.

Esta enseñanza vale igualmente para los quehaceres más ordinarios. Porque los hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para sí y su familia, realizan su trabajo de forma que resulta provechoso y en servicio de la sociedad, con razón pueden pensar que, con su trabajo, desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia.

Los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio. Cuanto más se acrecienta el poder del hombre, más amplia es su responsabilidad individual y colectiva. De donde se sigue que el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo si los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo.

La actividad humana, así como procede del hombre, así también se ordena al hombre. Pues éste, con su acción, no solo transforma las cosas y la sociedad, sino que se perfecciona a sí mismo. Aprende mucho, cultiva sus facultades, se supera y se trasciende. Tal superación, rectamente entendida, es más importante que las riquezas exteriores que puedan acumularse.

El hombre vale más por lo que es que por lo que tiene. Asimismo, cuanto llevan a cabo los hombres para lograr más justicia, mayor fraternidad y un más humano planteamiento en los problemas sociales, vale más que los progresos técnicos. Pues dichos progresos pueden ofrecer, como si dijéramos, el material para la promoción humana, pero por sí solos no pueden llevarla a cabo.

Por tanto, ésta es la norma de la actividad humana: que, de acuerdo con los designios y voluntad divinos, sea conforme al auténtico bien del género humano y permita al hombre, como individuo y como miembro de la sociedad, cultivar y realizar íntegramente su plena vocación.

(Se hace una pausa para reflexionar)

RESPONSORIO

Todos:

Todas las cosas son vuestras, pero vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y los demás se os dará por añadidura.

Salmista:

No os inquietéis por vuestra vida, por lo que habéis de comer o de beber, ni por vuestro cuerpo, por lo que habéis de vestir.

Todos:

Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura.

Acabadas las lecturas, los adoradores permanecerán en silencio hasta el final de la hora para la oración personal.
Al finalizar el último Turno de Vela, se reúnen todos para cantar juntos el Himno Final.

HIMNO FINAL

(De pie. Recitado a dos coros)

TE DEUM (en latín)

Te Deum laudamus: / te Dominum confitemur. Te aeternum Patrem, / omnis terra veneratur.

Tibi omnes Angeli, / tibi Caeli et universae Potestates:

tibi cherubim et seraphim / incessabili voce proclamant: Sanctus, Sanctus, Sanctus / Dominus Deus Sabaoth.

Pleni sunt caeli et terra / maiestatis gloriae tuae.

Te gloriosus / Apostolorum chorus, te prophetarum / laudabilis numerus, te martyrum candidatus / laudat exercitus.

Te per orbem terrarum / sancta confitetur Ecclesia,

Patrem / immensae maiestatis; venerandum tuum verum / et unicum Filium; Sanctum quoque / Paraclitum Spiritum.

Tu Rex gloriae / Christe.

Tu Patris / sempiternus es Filius.

Tu, ad liberandum suscepturus hominem, / non horruisti Virginis uterum.

Tu, devicto mortis acúleo / aperuisti credentibus regna caelorum.

Tu ad dexteram Dei sedes, / in gloria Patris.

Iudex crederis / esse venturus.

Te ergo quaesumus, tuis famulis subveni, / quos pretioso sanguine redemisti.

Aeterna fac cum sanctis tuis / in gloria numerari.

TE DEUM (en castellano)

A ti, oh Dios, te alabamos, / a ti, Señor, te reconocemos.

A ti, eterno Padre. / te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos / y todas las potestades te honran.

Los querubines y serafines / te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, /Dios del universo.

Los cielos y la tierra / están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles, / la multitud admirable de los profetas, / el blanco ejército de los mártires.

A ti la Iglesia santa, / extendida por toda la tierra, / te proclama:

Padre de inmensa majestad, / Hijo único y verdadero, digno de adoración, / Espíritu Santo, Paráclito.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.

Tú eres el hijo único del Padre.

Tú, para liberar al hombre, / aceptaste la condición humana / sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte, / abriste a los creyentes el reino del cielo.

Tú te sientas a la derecha de Dios / en la gloria del Padre.

Creemos que un día /has de venir como juez.

Te rogamos, pues, /que vengas en ayuda de tus siervos, / a quienes redimiste con tu preciosa sangre.

Haz que en la gloria eterna / nos asociemos a tus santos.

Salva a tu pueblo, Señor, / y bendice tu heredad.

Sé su pastor / y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos / y alabamos tu nombre para siempre, / por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día / guardarnos del pecado.

Ten piedad de nosotros, Señor, / ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, / venga sobre nosotros, / como lo esperamos de ti.

En ti, Señor, confié / no me veré defraudado para siempre.