DOMINGO IV
del Manual A.N.E.

VIGILIA NOCTURNA del Manual ANE

Invitatorio

De pie

Presidente:

Señor, ábreme los labios.

Todos:

Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antífona

Salmista:

Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid adorémosle. Aleluya.

Todos:

Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid adorémosle. Aleluya.

      Tiempo de Adviento (hasta el 16 de diciembre): Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.
      Tiempo de Adviento (desde el día 17 al 23 de diciembre): El Señor está cerca, venid, adorémosle.
      Tiempo de Navidad: A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.
      Tiempo de Cuaresma: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.
      Tiempo de Pascua: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Salmo 99

ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria (S. Atanasio).

Salmista:

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Todos:

Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid adorémosle. Aleluya.

Salmista

Sabed que el Señor es Dios:
que Él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Todos:

Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid adorémosle. Aleluya.

Salmista

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre.

Todos:

Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid adorémosle. Aleluya.

Salmista

"El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades".

Todos:

Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid adorémosle. Aleluya.

Salmista

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid adorémosle. Aleluya.

TURNO DE VELA

HIMNO

¿Qué ves en la noche,
dinos, centinela?
Dios como un almendro
con la flor despierta,
Dios, que nunca duerme,
busca quien no duerma,
y entre diez vírgenes
sólo hay cinco en vela.

Gallos vigilantes
que la noche alertan.
Quien negó tres veces
otras tres confiesa,
y pregona el llanto
lo que el miedo niega.

Muerto lo bajaban
a la tumba nueva.
Nunca tan adentro
tuvo al sol la tierra.
Daba el monte gritos,
piedra contra piedra.

Vi los cielos nuevos
y la tierra nueva.
Cristo entre los vivos,
y la muerte muerta.
Dios en las criaturas,
¡y eran todas buenas! Amén.

SALMODIA

Sentados

Antífona 1

Todos:

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?

      Domingo IV de Adviento: Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.
      Domingo IV de Cuaresma: ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿quién puede estar en el recinto sacro?
      Domingo IV de Pascua: Aleluya. La piedra ha sido removida de la entrada del sepulcro. Aleluya.

Salmo 23

ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo (S. Ireneo).

Recitado a dos coros
I

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

Este es el grupo que busca al Señor,
que viene en tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones! Alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones! Alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir la Antífona 1. Breve pausa.

Antífona 2

Todos:

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, porque él nos ha devuelto la vida. Aleluya.

      Domingo IV de Adviento: Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene; no temas, Sión, tu salvación está cerca.
       Domingo IV de Cuaresma: Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, porque él nos ha devuelto la vida.
       Domingo IV de Pascua: Aleluya. ¿A quién buscas, mujer?, ¿al que vive entre los muertos? Aleluya.

SALMO 65

HIMNO PARA UN SACRIFICIO DE ACCIÓN DE GRACIAS
Sobre la resurrección del Señor y la conversión de los pueblos (Hesiquio).

Recitado a dos coros

I

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.

Decid a Dios: "¡Qué temibles son tus obras,
por tu inmenso poder tus enemigos te adulan!".

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.

Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres:
transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.

Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente;
sus ojos vigilan a las naciones,
para que no se subleven los rebeldes.

Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies.

Oh Dios, nos pusiste a prueba,
nos refinaste como refinan la plata;
nos empujaste a la trampa,
nos echaste a cuestas un fardo:

Sobre nuestro cuello cabalgaban,
pasamos por fuego y por agua,
pero nos has dado un respiro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir o no la Antífona 2
Breve pausa

Antífona 3

Todos:

Fieles de Dios, venid a escuchar lo que el Señor ha hecho conmigo. Aleluya.

      Domingo IV de Adviento: Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.
      Domingo IV de Cuaresma: Fieles de Dios, venid a escuchar lo que el Señor ha hecho conmigo.
      Domingo IV de Pascua: Aleluya. No llores, María; ha resucitado el Señor. Aleluya.

II

Recitado a dos coros

Entraré en tu casa con víctimas,
para cumplirte mis votos:
los que pronunciaron mis labios
y prometió mi boca en el peligro.

Te ofreceré víctimas cebadas,
te quemaré carneros,
inmolaré bueyes y cabras.

Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua.

Si hubiera tenido yo mala intención,
el Señor no me habría escuchado;
pero Dios me escuchó,
y atendió a mi voz suplicante.

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio. Ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Puede repetirse o no la Antífona 3
Breve pausa

LECTURAS

Salmista:

La palabra de Dios es viva y eficaz.

Todos:

Más tajante que espada de doble filo.

Lector

De la primera Carta del apóstol S. Pablo a los Corintios 11, 20-32

Y cuando os reunís, no es para comer la cena del Señor, porque cada uno se adelanta a comer su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro está ebrio. Pero ¿es que no tenéis casas para comer y beber?¿O en tan poco tenéis la Iglesia de Dios, y así avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué voy a deciros? ¿Os alabaré? En esto no puedo alabaros.

Porque yo he recibido del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que fue entregado, tomó el pan y, después de dar gracias, lo partió, y dijo: Esto es mi cuerpo, que se da por vosotros; haced esto en memoria mía. Y así mismo, después de cenar, tomó el cáliz, diciendo: Este es el cáliz de la Nueva Alianza en mi sangre; cuantas veces lo bebáis, haced esto en memoria mía. Pues cuantas veces comáis este pan y bebáis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que Él venga. Así, pues, quien come el pan y bebe el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Examínese, pues, el hombre a sí mismo, y entonces coma del pan y beba del cáliz; pues el que come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación.

Por esto hay entre vosotros muchos flacos y débiles y muchos dormidos. Si nos juzgásemos a nosotros mismos, no seríamos condenados. Mas juzgados por el Señor, somos corregidos para no ser condenados con el mundo.

Se hace una breve pausa para reflexionar

RESPONSORIO

Todos:

El Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.

Salmista:

Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre.

Todos:

Haced esto es memoria mía.

SEGUNDA LECTURA

Desde un lugar apropiado (a poder ser, diferente del que se usa para proclamar las lecturas bíblicas), el lector proclama la lectura escogida especialmente para la vigilia, o la lectura y responsorio siguientes:

Lector:

De la encíclica “Redemptor Hominis”, del papa Juan Pablo II.

Es verdad esencial, no sólo doctrinal, sino también existencial, que la Eucaristía construye la Iglesia, y la construye como auténtica comunidad del Pueblo de Dios, como asamblea de los fieles, marcada por el mismo carácter de unidad del cual participan los Apóstoles y los primeros discípulos del Señor. La Eucaristía la construye y la regenera a base del sacrificio de Cristo mismo, porque conmemora su muerte en la cruz con cuyo precio hemos sido redimidos por Él. Por esto en la Eucaristía tocamos en cierta manera el misterio mismo del Cuerpo y de la Sangre del Señor, como atestiguan las mismas palabras en el momento de la institución, las cuales, en virtud de ésta, han llegado a ser las palabras de la celebración perenne de la Eucaristía por parte de los llamados a este ministerio en la Iglesia.

La Iglesia vive de la Eucaristía, vive de la plenitud de este Sacramento, cuyo maravilloso contenido y significado han encontrado a menudo su expresión en el Magisterio de la Iglesia desde los tiempos más remotos hasta nuestros días.

Sin embargo, podemos decir con certeza que esta enseñanza –sostenida por la agudeza de los teólogos, por los hombres de fe profunda y de oración, por los ascetas y místicos, en toda su fidelidad al misterio eucarístico- queda casi sobre el umbral, siendo incapaz de alcanzar y de traducir en palabras lo que es la Eucaristía en toda su plenitud, lo que expresa y lo que en ella se realiza. En efecto, ella es el Sacramento inefable. El empeño esencial y, sobre todo, la gracia visible y fuente de la fuerza sobrenatural de la Iglesia como Pueblo de Dios, es el perseverar y avanzar constantemente en la vida eucarística, en la plenitud eucarística, el desarrollo espiritual en el clima de la Eucaristía. Con mayor razón, pues, no es lícito ni en el pensamiento, ni en la vida, ni en la acción, quitar a este sacramento, verdaderamente santísimo, su dimensión plena, y su significado esencial. Es al mismo tiempo Sacramento-Sacrificio, Sacramento-Comunión, Sacramento-Presencia. Y aunque es verdad que la Eucaristía fue siempre y debe ser ahora la más profunda revelación y celebración de la fraternidad humana de los discípulos y confesores de Cristo, no puede ser tratada sólo como una "ocasión" para manifestar esta fraternidad.

Al celebrar el Sacramento del Cuerpo y de la Sangre del Señor, es necesario respetar la plena dimensión del misterio divino, el sentido pleno de este signo sacramental en el cual Cristo, realmente presente, es recibido, el alma se llena de gracias y es dada la prenda de la futura gloria. De aquí deriva el deber de una rigurosa observancia de las normas litúrgicas y de todo lo que atestigua el culto comunitario tributado a Dios mismo, tanto más porque, en este signo sacramental, Él se entrega a nosotros con confianza ilimitada, como si no tomase en consideración nuestra debilidad humana, nuestra indignidad, los hábitos, las rutinas o, incluso, la posibilidad de ultraje.

Toda la Iglesia, pero sobre todo los obispos y los sacerdotes deben vigilar para que este Sacramento de amor sea el centro de la vida del Pueblo de Dios, para que, a través de todas las manifestaciones del culto debido, se procure devolver a Cristo "amor por amor", para que Él llegue a ser verdaderamente "vida de nuestras almas". Ni, por otra parte, podremos olvidar jamás las siguientes palabras de san Pablo: "Examínese, pues, el hombre a sí mismo, y entonces coma el pan y beba el cáliz" (1Cor 11,28).

Se hace una breve pausa para reflexionar

RESPONSORIO

Todos:

El que come mi carne y bebe mi sangre, en mi permanece y yo en él.

Salmista:

No hay nación, por grande que sea, que tenga tan cercanos a sí los dioses como nuestro Dios está cerca de nosotros.

Todos:

En mí permanece y yo en él.

A continuación, todos los domingos del año, excepto en tiempo de Cuaresma, se dice el HIMNO FINAL

De pie

Oración
Presidente:

Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión; te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú, que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Terminada la Vigilia nocturna, es conveniente que los adoradores permanezcan en silencio para la oración personal.
Antes de acabar la hora de la vela, se rezan en común las preces expiatorias.
Al acabar la vigilia, por la mañana, se reúnen los adoradores para el rezo de Laudes.