DOMINGO IV
del Manual A.N.E.
Laudes del Manual de la ANE
INVOCACIÓN INICIAL
De pie
Presidente:
Dios mío, ven en mi auxilio.
Todos:
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya).
HIMNO
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
salimos de la noche y estrenamos la aurora;
saludamos el gozo de la luz que nos llega
resucitada y resucitadora.
Tu mano acerca el fuego a la tierra sombría,
y el rostro de las cosas se alegra en tu presencia;
silabeas el alba igual que una palabra,
tu pronuncias el mar como sentencia.
Regresa, desde el sueño, el hombre a su memoria,
acude a su trabajo, madruga a sus dolores;
le confías la tierra, y a la tarde la encuentras
rica de pan y amarga de sudores.
Y tú te regocijas, oh Dios, y tú prolongas
en sus pequeñas manos tus manos poderosas,
y estáis de cuerpo entero los dos así creando,
los dos así velando por las cosas.
¡Bendita la mañana que trae la noticia
de tu presencia joven, en gloria y poderío,
la serena certeza con que el día proclama
que el sepulcro de Cristo está vacío! Amén.
SALMODIA
Sentados
Antífona 1
Todos:
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Aleluya.
Domingo IV de Adviento: Tocad las trompetas en Sion, porque está cerca el día del Señor. Mirad: viene a salvarnos. Aleluya.
Domingo IV de Cuaresma: Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo.
Domingo IV de Pascua: No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Aleluya.
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular (Hch 4, 11).
Recitado a dos coros
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor.
y me escuchó, poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo: no temo
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos;
"La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa".
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Este es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Se puede repetir o no la Antífona Breve pausa
Antífona 2
Todos:
Aleluya. Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.
Domingo IV de Adviento: Vendrá el Señor, salid a su encuentro, diciendo: "Grande es tu origen, y tu reino no tendrá fin: Dios fuerte, dominador, príncipe de la paz". Aleluya.
Domingo IV de Cuaresma: Capaz eres, Señor, de liberarnos de la mano del poderoso; líbranos, Señor, Dios nuestro.
Domingo IV de Pascua: Bendito tu nombre, santo y glorioso. Aleluya.
Cántico Dn3, 52- 57.
QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR
¡Bendito el Creador por siempre! (Rm 1, 25).
Salmista:
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
Todos:
A ti gloria y alabanza por los siglos.
Salmista:
Bendito tu nombre, santo y glorioso.
Todos:
A él gloria y alabanza por los siglos.
Salmista:
Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
Todos:
A ti gloria y alabanza por los siglos.
Salmista:
Bendito eres en el trono de tu reino:
Todos:
A ti gloria y alabanza por los siglos.
Salmista:
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos:
Todos:
A ti gloria y alabanza por los siglos.
Salmista:
Bendito eres en la bóveda del cielo:
Todos:
A ti honor y alabanza por los siglos.
Salmista:
Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor:
Todos:
A ti gloria y alabanza por los siglos
Salmista:
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Se puede repetir o no la Antífona
Breve pausa
Antífona 3
Todos:
Todo ser que alienta alabe al Señor. Aleluya.
Domingo IV de Adviento: Tu palabra omnipotente, Señor, vendrá desde su trono real. Aleluya.
Domingo IV de Cuaresma: Alabad al Señor por sus obras magníficas.
Domingo IV de Pascua: Dad gloria a nuestro Dios; sus obras son perfectas, sus caminos son justos. Aleluya.
Salmo 150
ALABAD AL SEÑOR
Salmodiad con el espíritu, salmodiad con toda vuestra mente, es decir, glorificad a Dios con el cuerpo y con el alma (Hesiquio).
Recitado a dos coros
Alabad al Señor en su templo,
Alabadlo en su fuerte firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,
Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas.
Alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta alabe al Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén
Se puede repetir o no la Antífona 3
Breve pausa
LECTURA BREVE
El lector proclama la lectura desde el lugar donde habitualmente se proclama la Palabra en la Misa
Lector
Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. Es doctrina segura: si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.
Se hace una breve pausa para reflexionar
RESPONSORIO BREVE
Salmista:
Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.
Todos:
Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.
Salmista:
Contando tus maravillas.
Todos:
Invocando tu nombre.
Salmista:
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Todos:
Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Antífona
Es conveniente recitar la Antífona propia del día que puede buscarse en la Liturgia de las Horas; si eso no es posible, se dice lo siguiente:
Todos:
Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este Pan vivirá para siempre.
BENEDICTUS Lc I, 68-79
EL MESÍAS Y SU PRECURSOR
De pie
Recitado a dos coros o conjuntamente por todos.
Durante el Benedictus, si preside un presbítero o diácono, este inciensa el Sacramento, el altar y la asamblea.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. (todos):
Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este Pan vivirá para siempre.
Breve pausa
PRECES
Presidente:
Dios nos ama y sabe lo que nos hace falta; aclamemos, pues, su poder y su bondad, abriendo, gozosos, nuestros corazones a la alabanza y diciendo: Te alabamos, Señor, y confiamos en ti.
Todos:
Te alabamos, Señor, y confiamos en ti
Esta respuesta puede repetirse después de cada una de las peticiones, o bien usar como respuesta la segunda parte de la petición.
Te bendecimos, Dios todopoderoso, Rey del universo, porque a nosotros, injustos y pecadores, nos has llamado al conocimiento de la verdad;
- haz que te sirvamos con santidad y justicia.
Vuélvete hacia nosotros, oh Dios, tú que has querido abrirnos la puerta de tu misericordia,
- y haz que nunca nos apartemos del camino que lleva a la vida.
Ya que hoy celebramos la resurrección del Hijo de tu amor,
- haz que este día transcurra lleno de gozo espiritual.
Da, Señor, a tus fieles el espíritu de oración y de alabanza,
- para que en toda ocasión te demos gracias.
Presidente:
Movidos ahora todos por el mismo Espíritu que nos da Cristo resucitado, acudamos a Dios, de quien somos verdaderos hijos, diciendo:
Todos:
Padre nuestro.
El Presidente dice a continuación la Oración propia del día o, si no es posible, la siguiente:
Oración
Ilumina, Señor, con la luz de la fe nuestros corazones y abrásalos con el fuego de la caridad, para que adoremos resueltamente en espíritu y en verdad, a quien reconocemos en este Sacramento como nuestro Dios y Señor. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
CONCLUSIÓN
Si ha presidido la celebración el Obispo, un presbítero o diácono, da la bendición y reserva en la forma acostumbrada. Si dirige un laico, hombre o mujer, terminada la oración dice:
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.
Hecha genuflexión simple, retira e viril y lo encierra en el sagrario. Entre tanto se canta alguna aclamación eucarística como
Adoremus in aeternum
Sanctissimum Sacramentum.