DOMINGO II
del manual de la Adoración Nocturna Española
VIGILIA NOCTURNA
Invitatorio
De piePresidente:
Señor, ábreme los labios.
Todos:
Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antífona
Salmista:
Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.
Todos:
Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.
Tiempo de Adviento (hasta el 16 de diciembre): Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.
Tiempo de Adviento (desde el día 17 al 23 de diciembre): El Señor está cerca, venid, adorémosle.
Tiempo de Navidad: A Cristo, que por nosotros ha nacido, venid, adorémosle.
Tiempo de Cuaresma: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.
Tiempo de Pascua: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
Salmo 23
ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (San Ireneo).
Salmista:
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
Todos:
Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.
Salmista
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
Todos:
Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.
Salmista
El hombre de manos inocentes
y puro corazón.
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Todos:
Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.
Salmista
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
Todos:
Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.
Salmista
¡Portones!, alzad los dinteles,que se alcen las antiguas compuertas;
va a entrar el Rey de la gloria.
Todos:
Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.
Salmista
¿Quién ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso,
el Señor, héroe de la guerra.
Todos:
Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.
Salmista
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
Todos:
Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.
Salmista
¿Quién es el rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Todos:
Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.
Salmista
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Todos:
Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.
TURNO DE VELA
HIMNO
La noche no interrumpe
tu historia con el hombre;
La noche es tiempo de salvación.
De noche descendía tu escala misteriosa
hasta la misma piedra donde Jacob dormía.
De noche celebrabas la Pascua con tu pueblo,
mientras en las tinieblas volaba el exterminio.
Abrahán contaba tribus de estrellas cada noche;
de noche prolongabas la voz de la promesa.
De noche, por tres veces, oyó Samuel su nombre;
de noche eran los sueños tu lengua más profunda.
De noche, en un pesebre, nacía tu Palabra;
de noche lo anunciaron el ángel y la estrella.
La noche fue testigo de Cristo en el sepulcro;
la noche vio la gloria de la resurrección.
De noche esperaremos tu vuelta repentina,
y encontrarás a punto la luz de nuestra lámpara.
La noche es tiempo de salvación.
SALMODIA
Sentados
Antífona 1
Todos:
Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. Aleluya.
Domingo II de Adviento: Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.
Domingo II después de Navidad: Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. Aleluya.
Domingo II de Cuaresma y de Ramos: Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.
Domingo VI de Pascua: Aleluya. La piedra ha sido removida de la entrada del sepulcro. Aleluya.
Salmo 103
HIMNO AL DIOS CREADOR
El que es de Cristo es una criatura nueva; lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado (2Co 5, 17).
Recitado a dos coros
Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.
Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del viento;
los vientos te sirven de mensajeros;
el fuego llameante, de ministro.
Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas.
Pero a tu bramido huyeron
al fragor de tu trueno se precipitaron,
mientras subían los montes y bajaban los valles:
cada cual al puesto asignado.
Trazaste una frontera que no traspasarán,
y no volverán a cubrir la tierra.
De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
en ellos beben las fieras de los campos,
el asno salvaje apaga su sed;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto.
Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Se puede repetir la Antífona 1.
Breve pausa.
Antífona 2
Todos:
El Señor saca pan de los campos, y vino para alegrar el corazón del hombre. Aleluya.
Domingo II de Adviento: Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene; no temas, Sión, tu salvación está cerca.
Domingo II después de Navidad: El Señor saca pan de los campos, y vino para alegrar el corazón del hombre. Aleluya.
Domingo II de Cuaresma y de Ramos: El Señor saca pan de los campos, y vino para alegrar el corazón del hombre.
Domingo VI de Pascua: Aleluya. ¿A quién buscas, mujer?, ¿Al que vive entre los muertos? Aleluya.
II
Recitado a dos corosDesde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre.
Él saca pan de los campos,
y vino que le alegra el corazón;
y aceite que da brillo a su rostro,
y alimento que le da fuerzas.
Se llenan de savia los árboles del Señor,
los cedros del Líbano que él plantó:
allí anidan los pájaros,
en su cima pone casa la cigüeña.
Los riscos son para las cabras,
las peñas son madriguera de erizos.
Hiciste la luna con sus fases,
el sol conoce su ocaso.
Pones las tinieblas y viene la noche,
y rondan las fieras de la selva;
los cachorros rugen por la presa,
reclamando a Dios su comida.
Cuando brilla el sol, se retiran,
y se tumban en sus guaridas;
el hombre sale a sus faenas,
a su labranza hasta el atardecer.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Se puede repetir o no la Antífona 2
Breve pausa
Antífona 3
Todos:
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno. Aleluya.
Domingo II de Adviento: Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.
Domingo II después de Navidad: Vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno. Aleluya.
Domingo II de Cuaresma y de Ramos: Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.
Domingo VI de Pascua: Aleluya. No llores, María; ha resucitado el Señor. Aleluya.
III
Recitado a dos corosCuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
Ahí está el mar: ancho y dilatado
en él bullen, sin número,
animales pequeños y grandes;
lo surcan las naves y el Leviatán
que modelaste para que retoce.
Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes;
escondes tu rostro, y se espantan;
les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.
Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras.
Cuando él mira la tierra, ella tiembla;
cuando toca los montes, humean.
Cantaré al Señor mientras viva,
tocaré para mi Dios mientras exista:
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor.
Que se acaben los pecadores en la tierra,
que los malvados no existan más.
¡Bendice alma mía, al Señor!
Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio. Ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Puede repetirse o no la Antífona 3
Breve pausa
LECTURAS
Salmista:
Dichosos vuestros ojos, porque ven
Todos:
Y vuestros oídos, porque oyen.
Lector
Del libro del Éxodo
(16, 1-3; 11-16)
Toda la comunidad de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, entre Elím y Sinaí, el día quince del segundo mes después de salir de Egipto.
La comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo:
"¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad".
El Señor dijo a Moisés:
"He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: "Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciareis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios".
Por la tarde, una bandada de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana, había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron:
"¿Qué es esto?".
Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: "Es el pan que el Señor os da de comer. Estas son las órdenes del Señor: que cada uno recoja lo que puede comer: un celemín por cabeza para todas las personas que viven en una tienda".
Se hace una breve pausa para reflexionar
RESPONSORIO
Todos:
Comeréis carne y os saciaréis de pan. Este es el pan que el Señor os dio a comer.
Salmista:
Moisés no os dio pan del cielo; pero mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
Todos:
Este es el pan que el Señor os dio a comer.
SEGUNDA LECTURA
Desde un lugar apropiado (a poder ser, diferente del que se usa para proclamar las lecturas bíblicas), el lector proclama la lectura escogida especialmente para la vigilia, o la lectura y responsorio siguientes:Lector:
De la encíclica “Mysterium Fidei” del papa Pablo VI.
Ante todo, queremos recordar una verdad de vosotros sabida, pero muy necesaria para eliminar todo veneno de racionalismo, verdad que muchos católicos han sellado con su propia sangre, y que célebres Padres y Doctores de la Iglesia han profesado y enseñado constantemente, esto es: que la Eucaristía es un altísimo misterio, más aún: hablando con propiedad, como dice la Sagrada Liturgia, el "misterio de fe". "Efectivamente, en sólo él, como muy sabiamente dice nuestro predecesor León XIII, de feliz memoria, se contiene con singular riqueza y variedad de milagros, todas las realidades sobrenaturales".
Es, pues, necesario, que nos acerquemos, particularmente a este misterio, con humilde reverencia, no buscando razones humanas, que deben callar, sino adhiriéndose firmemente a la revelación divina.
San Juan Crisóstomo, quien, como sabéis, trató con palabra tan elevada y con tanta penetración de piedad el Misterio Eucarístico, instruyendo en una ocasión a sus fieles acerca de esta verdad, se expresó en estos apropiados términos: "Inclinémonos ante Dios; y no lo contradigamos, aun cuando lo que él dice puede parecer contrario a nuestra razón y a nuestra inteligencia, sino que su palabra prevalezca sobre nuestra razón e inteligencia. Observemos esta misma conducta respeto al Misterio Eucarístico, no considerando solamente lo que cae bajo los sentidos, sino atendiendo a sus palabras. Porque su palabra no puede engañar".
Idénticas afirmaciones han hecho con frecuencia los Doctores Escolásticos.
Haciendo eco al Doctor Angélico, el pueblo cristiano canta frecuentemente: "En ti se engaña la vista, el tacto, el gusto; solamente se cree al oído con certeza. Creo que lo ha dicho el Hijo de Dios, pues no hay nada más verdadero que la Palabra de la verdad".
Más aún: san Buenaventura afirma: "Que Cristo esté en el sacramento como signo, no ofrece ninguna dificultad; pero que esté verdaderamente en el sacramento como en el cielo, he aquí la grandísima dificultad: creer, pues, esto, es muy meritorio".
Por lo demás, esto mismo insinúa el Evangelio cuando cuenta que muchos de los discípulos de Cristo, después de haber oído que habían de comer su carne y beber su sangre, volvieron las espaldas al Señor diciendo: "Duro es este lenguaje, ¿quién puede escucharlo?". Pero Pedro, por el contrario, al preguntarle Jesús si también los doce se querían marchar, afirmó pronta y firmemente su fe y la de sus apóstoles, dando esta admirable respuesta: "Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna".
Se hace una breve pausa para reflexionar
RESPONSORIO
Todos:
Envióme mi Padre, Dios viviente, y yo vivo por el Padre. Y el que me comiere vivirá por mí.
Salmista:
Alimentóles el Señor con el pan de vida y de entendimiento.
Todos:
Y el que me comiere vivirá por mí.