DOMINGO I
del manual de la Adoración Nocturna Española

I Vísperas

INVOCACIÓN INICIAL

De pie

Presidente:
Dios mío, ven en mi auxilio.
Todos:
Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén. (Aleluya).

HIMNO

Los pueblos que marchan y luchan
con firme tesón
aclamen al Dios de la vida.
Cantemos hosanna que viene el Señor.

Agiten laureles y olivos,
es Pascua de Dios,
mayores y niños repitan:
"Cantemos hosanna que viene el Señor".

Jesús victorioso y presente
ofrece su don
a todos los justos del mundo.
Cantemos hosanna que viene el Señor.

Resuenen en todo camino
de paz y de amor
alegres canciones que digan:
"Cantemos hosanna que viene el Señor".

Que Dios, Padre nuestro amoroso,
el Hijo y su Don
a todos protejan y acojan.
Cantemos hosanna que viene el Señor.
Amén.

SALMODIA
Sentados

Antífona 1

Todos:
Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

      Domingo I de Adviento: Anunciad a los pueblos y decidles: “Mirad, viene Dios, nuestro Salvador”.
      Domingo I de Cuaresma: Acepta, Señor, nuestro corazón contrito, y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que te sea agradable, Señor, Dios nuestro.
      Domingo V de Cuaresma: Meteré mi ley en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
      Domingo V de Pascua: El alzar de mis manos suba a ti, Señor, como ofrenda de la tarde. Aleluya.

Salmo 140, 1-9

ORACIÓN ANTE EL PELIGRO
Por manos del ángel subió a la presencia de Dios el humo de los perfumes, junto con las oraciones de los santos. (Ap 8,4)

Recitado a dos coros

Señor, te estoy llamando, ven deprisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo seguiré rezando en sus desgracias.

Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir, o no, la Antífona 1
Breve pausa

Antífona 2

Todos:
Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida.

      Domingo 1 de Adviento: Mirad: El Señor vendrá, y todos sus santos vendrán con él; en aquel día, habrá una gran luz. Aleluya.
      Domingo 1 de Cuaresma: Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: "Aquí estoy".
      Domingo V de Cuaresma: Todo lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.
      Domingo V de Pascua: Me sacaste de la prisión: por eso doy gracias a tu nombre. Aleluya.

Salmo 141

TÚ ERES MI REFUGIO
Todo lo que describe el Salmo se realizó en el Señor durante su Pasión. (San Hilario).

Recitado a dos coros

A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.

Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.

Mira a la derecha, fíjate:
nadie me hace caso;
no tengo adonde huir,
nadie mira por mi vida.

A ti grito, Señor;
te digo: “Tú eres mi refugio
y mi lote en el país de la vida”.

Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir, o no, la Antífona 2
Breve pausa

Antífona 3

Todos:
El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

      Domingo 1 de Adviento: Vendrá el Señor con gran poder, y lo contemplarán todos los hombres.
      Domingo 1 de Cuaresma: Cristo murió por los pecados, el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.
      Domingo V de Cuaresma: Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer.
      Domingo V de Pascua: El Hijo de Dios aprendió, sufriendo, a obedecer, y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna. Aleluya.

Cántico Flp 2, 6-11

CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Recitado a dos coros

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre";
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se puede repetir, o no, la Antífona 3
Breve pausa

Si el rezo de Vísperas se une a la celebración de la Eucaristía, después del Cántico, se comienza la Liturgia de la Palabra de la Misa con el Gloria (o si no hay Gloria, con la oración Colecta) suprimiendo todo lo demás de las Vísperas excepto el Magníficat que se canta después de la Comunión. Si las Vísperas no están incorporadas a la Misa, se continúa de la manera siguiente:

LECTURA BREVE Rm 11,33-36

El lector proclama la lectura desde el lugar donde habitualmente se proclama la Palabra en la Misa.

Lector:

¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén.

Se hace una breve pausa para reflexionar.

RESPONSORIO BREVE

Salmista:
Cuántas son tus obras, Señor.
Todos:
Cuántas son tus obras, Señor.
Salmista:
Y todas las hiciste con sabiduría.
Todos:
Tus obras, Señor.
Salmista:
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Todos:
Cuántas son tus obras, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Antífona
Es conveniente recitar la Antífona propia del día, que pude buscarse en la Liturgia de las Horas; si esto no fuera posible se dice:

Todos:
¡Qué bueno es, Señor, tu espíritu! Para demostrar a tus hijos tu ternura, les has dado un pan delicioso bajado del cielo, que colma de bienes a los hambrientos, y deja vacíos a los ricos hastiados.

Magníficat    Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Recitado a dos coros o conjuntamente por todos

De pie. Todos. + Se hace la señal de la cruz mientras se comienza a recitar

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí,
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

¡Qué bueno es, Señor, tu espíritu! Para demostrar a tus hijos tu ternura, les has dado un pan delicioso bajado del cielo, que colma de bienes a los hambrientos, y deja vacíos a los ricos hastiados.

Breve pausa

PRECES

Presidente:

Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y supliquémosle diciendo: Escucha a tu pueblo, Señor.

Todos:

Escucha a tu pueblo, Señor.

Esta respuesta puede repetirse después de cada una de las peticiones, o bien usar como respuesta la segunda parte de la petición.

Padre todopoderoso, haz que florezca en la tierra la justicia
- y que tu pueblo se alegre en la paz.

Que todos los pueblos entren a formar parte de tu reino,
- y obtengan así la salvación.

Que los esposos cumplan tu voluntad, vivan en concordia
- y sean siempre fieles a su mutuo amor.

Recompensa, Señor, a nuestros bienhechores
- y concédeles la vida eterna.

Acoge con amor a los que han muerto víctimas del odio, de la violencia o de la guerra,
- y dales el descanso eterno.

Presidente:

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor.

Todos:

Padre nuestro.

El Presidente dice a continuación la Oración propia del día o, si no es posible, la siguiente:

Oración

Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión; te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú, que vives y reinas con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN
Cuando preside la celebración el Obispo, un presbítero o diácono

Presidente:

El Señor esté con vosotros.

Todos:

Y con tu espíritu.

Presidente:

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros.

Todos:
Amén.

Si dirige la oración un laico

Presidente:

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

Todos:

Amén.

Terminadas las Vísperas, se celebra la Eucaristía; después de la Comunión, el sacerdote expone el Santísimo; terminada la oración de después de la Comunión, se inciensa el sacramento en la forma acostumbrada. Si las Vísperas se han unido a la Misa, después de la Comunión, el sacerdote expone el Santísimo; luego se dice el Magníficat con su Antífona. Durante el Magníficat, el sacerdote inciensa el Sacramento, el altar y la asamblea. A continuación, dice la oración de después de la Comunión.
Ante el Santísimo expuesto, los adoradores oran un rato en silencio. Luego se recita la presentación de adoradores y, después, de un espacio de adoración en común, se inicia la vigilia nocturna de la Liturgia de las Horas.
Concluido el Invitatorio y antes de comenzar el Himno se retiran todos los adoradores, excepto los que han de hacer el primer turno. A lo largo de la noche, cada nuevo turno hará la vigilia nocturna de la Liturgia de las Horas seguida de media hora de silencio para la oración personal.