Vigilia del Corpus
del Manual A.N.E.


VIGILIA

(Pág. 516) (Sentados)

Monitor:

Hermanos: "La Iglesia a la que todos hemos sido llamados en Cristo Jesús" (constitución dogmática sobre la Iglesia, nº 8), se define a sí misma con las palabras de san Agustín como una "Iglesia que va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios" (Ibídem).
Imagen de este peregrinar fue el paso de los israelitas a través del desierto, durante cuarenta años, desde Egipto a la Tierra de Promisión.
Ahora, como entonces -incomparablemente mejor ahora que entonces-, Dios, Padre providente, nos acompaña en el viaje con su presencia, nos dirige con su Palabra, nos alimenta y conforta con el Pan enviado del cielo.
Al recordar esta noche aquel viaje de nuestros predecesores en la fe, actualizaremos en nosotros la consoladora realidad de la presencia de Jesús, peregrino con los hombres; sentiremos el calor de su Palabra; y experimentaremos la fuerza que para caminar y luchar nos proporciona su Cuerpo y su Sangre, recibido en alimento de nuestras almas.

Lector:

Lectura del Libro Primero (tercero) de los Reyes (19, 1-8)

Ajab refirió a Jezabel cuanto había hecho Elías y como había pasado a cuchillo a todos los profetas. Envió Jezabel un mensajero a Elías diciendo: «Que los dioses me hagan esto y me añadan esto otro si mañana a estas horas no he puesto tu alma igual que el alma de uno de ellos.» El tuvo miedo, se levantó y se fue para salvar su vida. Llegó a Bersebá de Judá, y dejó allí a su criado. Continuó el por el desierto una jornada de camino, y al final se sentó bajo una retama, y se deseó la muerte diciendo: "Basta ya, Señor. Quítame la vida, pues yo no valgo más que mis padres". Se echó debajo de la retama y se quedó dormido. De pronto un ángel le tocó y le dijo: "Levántate, come." Miró Elías y vio a su cabecera un pan cocido en las brasas y una jarra de agua. Comió, bebió y volvió a echarse. Pero el ángel del Señor le tocó por segunda vez diciendo: «Levántate, come, que el camino es superior a tus fuerzas.» Se levantó Elías, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.

(Se hace una breve pausa)

(De pie. Recitado a dos coros)

Me da compasión esta muchedumbre porque hace ya tres días que me siguen y no tienen que comer; si los despido ayunos para sus casas, desfallecerán en el camino.

Tomad y comed, que este es mi cuerpo. Tomad y bebed que esta es mi Sangre. Haced esto en memoria mía.

Yo soy el Pan de Vida; el que viene a mi no tendrá más hambre, y el que cree en mí jamás tendrá sed.

Tomad y comed, que este es mi cuerpo. Tomad y bebed que esta es mi Sangre. Haced esto en memoria mía.

Todos: (cantado):

El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar.

SALMO 22

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Todos: (cantado):

El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar.

(Breve pausa)

Sentados

Monitor:

La noche antes de salir los israelitas de Egipto, Dios exterminó a los primogénitos de los egipcios, respetando las casas de los israelitas cuyas puertas habían sido señaladas con la sangre del cordero, que cada familia había sacrificado por orden expresa del mismo Dios. Ese cordero era imagen de Cristo, cuya Sangre derramada en la Cruz nos libra del pecado y de la muerte.

Lector:

Lectura del Libro del Éxodo (12, 21-27)

Llamó Moisés a todos los ancianos de Israel y les dijo: «Id en busca de reses menores para vuestras familias e inmolad la pascua. Tomaréis un manojo de hisopo, lo mojaréis en la sangre que está en la vasija y untaréis el dintel y las dos jambas con la sangre de la vasija; y ninguno de vosotros saldrá de la puerta de su casa hasta mañana. Yahveh pasará y herirá a los egipcios, pero al ver la sangre en el dintel y en las dos jambas, Yahveh pasará de largo por aquella puerta y no permitirá que el Exterminador entre en vuestras casas para herir. Guardad este mandato como Institución perpetua para vosotros y vuestros hijos. También guardaréis este rito cuando entréis en la tierra que os dará Yahveh, según su promesa. Y cuando os pregunten vuestros hijos: ¿Qué significa para vosotros este rito?, responderéis: Este es el sacrificio de la Pascua de Yahveh, que pasó de largo por las casas de los hijos de Israel en Egipto cuando hirió a los egipcios y salvó nuestras casas».

Entonces el pueblo se postró para adorar.

(Breve pausa)

(De pie. Recitado a dos coros)

Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.

Todos andábamos errantes, como ovejas, siguiendo cada uno su camino, y Dios cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros. Maltratado y afligido, no abrió la boca, como cordero llevado al matadero.

Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.

Este es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros. Esta es mi Sangre, que por vosotros será derramada.

Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.

Cantan todos:

Altísimo Señor,
que supiste juntar,
a un tiempo en el altar,
ser cordero y pastor.
Confieso con dolor
que hice mal en huir
de quien por mí quiso morir.
Cordero celestial,
pan nacido en Belén,
si no te como bien
me sucederá mal.
Sois todo piedra imán
que atrae el corazón
de quien os rinde adoración.

(Breve pausa)

Sentados

Monitor:

A lo largo de su peregrinar por el desierto, los israelitas fueron alimentados prodigiosamente con el maná que prefiguraba el alimento eucarístico infinitamente superior.

Lector:

Lectura del Libro del Éxodo (16, 1-3. 11-16)

Partieron de Elim, y toda la comunidad de los hijos de Israel llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y el Sinaí, el día quince del segundo mes después de su salida del país de Egipto. Toda la comunidad de los hijos de Israel empezó a murmurar contra Moisés y Aarón en el desierto. Los hijos de Israel les decían: «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos de Yahveh en la tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan en abundancia! Vosotros nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea».

Y Yahveh habló a Moisés, diciendo: «He oído las murmuraciones de los hijos de Israel. Diles: Al atardecer comeréis carne y por la mañana os hartaréis de pan; y así sabréis que yo soy Yahveh, vuestro Dios». Aquella misma tarde vinieron las codornices y cubrieron el campamento; y por la mañana había una capa de rocío en torno al campamento. Y al evaporarse la capa de rocío apareció sobre el suelo del desierto una cosa menuda, como granos, parecida a la escarcha de la tierra. Cuando los hijos de Israel lo vieron, se decían unos a otros: «¿Qué es esto?» Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: «Este es el pan que Yahveh os da por alimento. He aquí lo que manda Yahveh: Que cada uno recoja cuanto necesite para comer, un gomor por cabeza, según el número de los miembros de vuestra familia; cada uno recogerá para la gente de su tienda».

(Breve pausa)

De pie. Recitado a dos coros

Moisés no os dio pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que bajó del cielo y da la vida al mundo.

Este es el pan bajado del cielo. No como el pan que comieron los padres y murieron. El que coma de este pan, vivirá para siempre.

Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Este es el pan que baja del cielo, para que el que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo le daré es mi Carne para vida del mundo.

Este es el pan bajado del cielo. No como el pan que comieron los padres y murieron. El que coma de este pan, vivirá para siempre.

Cantando

Todos:

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Coro:

Mi padre es quien os da verdadero Pan del Cielo.

Todos:

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Coro:

Quien come de este Pan, vivirá eternamente.

Todos:

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Coro:

Aquel que venga a Mi, no padecerá más hambre.

Todos:

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Coro:

Mi carne es el manjar, y mi sangre es la bebida.

Todos:

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Coro:

El Pan que Yo daré, ha de ser mi propia Carne.

Todos:

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Coro:

Quien come de mi carne, mora en Mi y Yo en él.

Todos:

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Coro:

Bebed todos de él, es el Cáliz de mi Sangre.

Todos:

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Coro:

Yo soy el Pan de Vida, que ha bajado de los cielos.

Todos:

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Coro:

Si no coméis mi Carne, no tendréis Vida en vosotros.

Todos:

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Coro:

Si no bebéis mi Sangre, no tendréis Vida en vosotros.

Todos:

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Coro:

Quien bebe de mi Sangre, tiene ya la Vida eterna.

Todos:

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Coro:

Mi Cuerpo recibid entregado por vosotros.

Todos:

Tú eres, Señor, el pan de vida.

Sentados

Monitor:

Cuando el sol abrasador de la península del Sinaí, y el aire reseco del arenal, estaba a punto de hacer morir de sed a los israelitas, Dios mandó que Moisés hiciera brotar de la roca aguas abundantes. Este agua era imagen de la abundancia de gracias que Jesús habría de derramar sobre nosotros a través de los sacramentos.

Lector:

Lectura del Libro del Éxodo (17, 1-7)

Toda la comunidad de los hijos de Israel partió del desierto de Sin, a la orden de Yahveh, para continuar sus jornadas; y acamparon en Refidim, donde el pueblo no encontró agua para beber. El pueblo entonces se querelló contra Moisés, diciendo: «Danos agua para beber». Respondió Moisés: «¿Por qué tentáis a Yahveh?». Pero el pueblo, torturado por la sed, siguió murmurando contra Moisés: «¿Nos has hecho salir de Egipto para hacerme morir de sed, a nosotros, a nuestro hijos y a nuestros ganados?». Clamó Moisés a Yahveh y dijo: «¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen». Respondió Yahveh a Moisés: «Preséntate al pueblo, llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo». Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Aquel lugar se llamó Massá y Meribá, a causa de la querella de los hijos de Israel y por haber tentado a Yahveh, diciendo: "¿Está Yahveh entre nosotros o no?".

(Breve pausa)

De pie. Recitado a dos coros

Quien bebe de este agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le diere no tendrá jamás sed; porque el agua que yo le dé se hará en él una fuente que salte hasta la vida eterna.

Señor, dame de esa agua, para que no sienta más sed.

Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, según las Escrituras, ríos de agua viva correrán en su seno.

Señor, dame de esa agua, para que no sienta más sed.

Cantan todos

De rodillas, Señor, ante el sagrario,
que guarda cuanto queda de amor y de unidad,
venimos con las flores de un deseo,
para que nos las cambies en frutos de verdad.

Cristo en todas las almas,
y en el mundo la paz.

Como estás, mi Señor, en la Custodia,
igual que la palmera que alegra el arenal,
queremos que en el centro de la vida
reine sobre las cosas tu ardiente caridad.

Cristo en todas las almas,
y en el mundo la paz.

(Breve pausa)

Sentados

Monitor:

Al fin de este recorrido que nos ha hecho recordar, acompañados por Jesús, la peregrinación de nuestros padres por el desierto, bueno será recoger el fruto de lo que hemos revivido y formular nuestro compromiso, aleccionados por las enseñanzas del Apóstol San Pablo.

Lector:

Lectura de la primera carta de San Pablo a los Corintios (1Cor 10, 1-6. 11-13. 16-17. 20-21)

No quiero, hermanos, que ignoréis, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube, que todos atravesaron el mar; y todos siguieron a Moisés bajo la nube y por el mar; que todos comieron el mismo pan espiritual y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo; pero Dios no se agradó de la mayor parte de ellos, pues fueron postrados en el desierto. Esto fue en figura nuestra, para que no codiciemos lo malo, como lo codiciaron ellos.

Todas estas cosas les sucedieron a ellos en figura y fueron escritas para amonestarnos a nosotros, para quienes ha llegado el fin de los tiempos. Así, pues, el que cree estar de pie, mire no caiga; no os ha sobrevenido tentación que no fuera humana, y fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas; antes dispondrá con la tentación el éxito para que podáis resistirla.

El Cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es la comunión del Cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan.

Antes, bien, digo que lo que sacrifican los gentiles, a los demonios y no a Dios lo sacrifican y no quiero yo que vosotros tengáis parte con los demonios. No podéis beber el Cáliz del Señor y el cáliz de los demonios. No podéis tener parte en la mesa del Señor y en la mesa de los demonios.

(Breve pausa)

Director:

La presencia real de Cristo entre nosotros, su sacrificio redentor que se renueva en la Santa Misa, y la recepción de su cuerpo y de su Sangre como alimento en la Comunión, constituyen para nosotros un honor, pero también una gran responsabilidad. Todo ello nos obliga a alistarnos bajo la bandera de Cristo con todas sus consecuencias, sobre todo a vivir en la caridad la comunión con todos los que participan en la misma fe, se benefician de la misma redención y se alimentan con el mismo pan que ha bajado del cielo.

CONCLUSIÓN
De rodillas

Tantum ergo sacramentum
veneremur cernui,
et antiquum documentum
novo cedat ritui;
praestet fides supplementum
sensuum defectui.

Genitori, Genitoque
laus et jubilatio,
salus, honor, virtus quoque
sit et benedictio:
procedenti ab utroque
compar sit laudatio. Amén.

Director:

Les diste pan del cielo.

Todos:

Que encierra en sí todo deleite.

Director:

Oremos: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.

Todos:

Amén.

Este último canto y su correspondiente oración conclusiva tienen concedida precisamente en la presente solemnidad Indulgencia Plenaria. (Enchiridion Indulgentiarum, num 59).
Reservado el Santísimo, y antes de despedir a la asamblea, se canta la Salve a la Virgen o un canto apropiado.