Vigilia del Corpus
del Manual A.N.E.


VIGILIA NOCTURNA

(Pág. 16) (Sentados)

Invitatorio

Presidente:

Señor, ábreme los labios.

Todos:

Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antífona:

Venid, adoremos a Cristo el Señor, que es el pan de la vida.

Todos:

Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que es el pan de la vida.

Salmo 94
Invitación a la alabanza divina

Salmista:

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Todos:

Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que es el pan de la vida.

Salmista:

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en sus manos las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes,
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Todos:

Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que es el pan de la vida.

Salmista:

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Todos:

Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que es el pan de la vida.

Salmista:

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron aunque habían visto mis obras.

Todos:

Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que es el pan de la vida.

Salmista:

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no conoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso"".

Todos:

Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que es el pan de la vida.

Salmista:

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en un principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

Todos:

Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que es el pan de la vida.

HIMNO

Aquella noche santa,
te nos quedaste nuestro,
con angustia tu vida,
sin heridas tu cuerpo.

Te nos quedaste vivo,
porque ibas a ser muerto;
porque iban a romperte,
te nos quedaste entero.

Aquella noche santa,
te nos quedaste nuestro.

Te nos quedaste todo:
amor y sacramento,
ternura prodigiosa,
todo en ti, tierra y cielo.

Te quedaste conciso,
te escondiste concreto,
nada para el sentido,
todo para el misterio.

Aquella noche santa,
te nos quedaste nuestro.

Vino de sed herida,
trigo de pan hambriento,
toda tu hambre cercana,
tú, blancura de fuego.

En este frío de hombre
y en su labio reseco,
aquella noche santa,
te nos quedaste nuestro.

Te adoro, Cristo oculto,
te adoro, trigo tierno. Amén.

SALMODIA

Ant. 1:

Decid a los convidados: "Tengo preparado el banquete, venid a la boda". Aleluya.

Salmo 22

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1:

Decid a los convidados: "Tengo preparado el banquete, venid a la boda". Aleluya.

Ant. 2:

El que tenga sed, que venga a mí y beba en la fuente eterna.

Salmo 41 Deseo del Señor y ansías de contemplar el templo

Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;

Tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?

Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me repiten:
"¿Dónde está tu Dios?"

Recuerdo otros tiempos,
y desahogo mi alma conmigo
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
"Salud de mi rostro, Dios mío".

Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo,
desde el Jordán y el Hermón
y el Monte Menor.

Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.

De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida.

Diré a Dios: "Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando, sombrío,
hostigado por mi enemigo?"

Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
"¿Dónde está tu Dios?"

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
"Salud de mi rostro, Dios mío".

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2:

El que tenga sed, que venga a mí y beba en la fuente eterna.

Ant. 3:

El Señor nos alimentó con flor de harina, nos sació con miel silvestre.

Salmo 80

Aclamad a Dios, nuestra fuerza;
dad vítores al Dios de Jacob:

acompañad, tocad los panderos,
las cítaras templadas y las arpas;
tocad la trompeta por la luna nueva,
por la luna llena, que es nuestra fiesta.

Porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José
al salir de Egipto.

Oigo un lenguaje desconocido:
"Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.

Clamaste en la aflicción, y te libré,
te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.

Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escuchases, Israel!

No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor, Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto;
abre la boca que te la llene".

Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus antojos.

¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus adversarios;

los que aborrecen al Señor te adularían,
y su suerte quedaría fijada;
te alimentaría con flor de harina,
te saciaría con miel silvestre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3:

El Señor nos alimentó con flor de harina, nos sació con miel silvestre.

LECTURAS

Salmista:

La sabiduría se ha construido su casa. Aleluya.

Todos:

Ha mezclado el vino y puesto la mesa. Aleluya.

PRIMERA LECTURA

Del libro del Éxodo; 24, 1-11)

VIERON AL SEÑOR Y COMIERON Y BEBIERON EN SU PRESENCIA

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés:

"Sube hacia mí con Aarón, Nadab, Abihú y los setenta ancianos de Israel, y prosternaos a distancia. Después se acercará Moisés solo, no ellos; y el pueblo que no suba".

Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que le había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una:

"Haremos todo lo que dice el Señor".

Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se la leyó en voz alta al pueblo, el cual respondió:

"Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos".

Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo:

"Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos".

Subieron Moisés, Aarón, Nadab, Abihú y los setenta ancianos de Israel, y vieron al Dios de Israel: bajo los pies tenía una especie de pavimento, brillante como el mismo cielo. Dios no extendió la mano contra los notables de Israel, que pudieron contemplar a Dios, y después comieron y bebieron.

Responsorio

Todos:

Yo soy el pan de vida; vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; Éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Salmista:

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Todos:

Éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

SEGUNDA LECTURA

De las Obras de santo Tomás de Aquino, presbítero

¡OH BANQUETE PRECIOSO Y ADMIRABLE!

El Hijo único de Dios, queriendo hacemos partícipes de su divinidad, tomó nuestra naturaleza, a fin de que, hecho hombre, divinizase a los hombres.

Además, entregó por nuestra salvación todo cuanto tomó de nosotros. Porque, por nuestra reconciliación, ofreció, sobre el altar de la cruz, su cuerpo como víctima a Dios, su Padre, y derramó su sangre como precio de nuestra libertad y como baño sagrado que nos lava, para que fuésemos liberados de una miserable esclavitud y purificados de todos nuestros pecados.

Pero, a fin de que guardásemos por siempre jamás en nosotros la memoria de tan gran beneficio, dejó a los fieles, bajo la apariencia de pan y de vino, su cuerpo, para que fuese nuestro alimento, y su sangre, para que fuese nuestra bebida.

¡Oh banquete precioso y admirable, banquete saludable y lleno de toda suavidad! ¿Qué puede haber, en efecto, de más precioso que este banquete en el cual no se nos ofrece, para comer, la carne de becerros o de machos cabríos, como se hacía antiguamente, bajo la ley, sino al mismo Cristo, verdadero Dios?

No hay ningún sacramento más saludable que éste, pues por él se borran los pecados, se aumentan las virtudes y se nutre el alma con la abundancia de todos los dones espirituales.

Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos, para que a todos aproveche, ya que ha sido establecido para la salvación de todos.

Finalmente, nadie es capaz de expresar la suavidad de este sacramento, en el cual gustamos la suavidad espiritual en su misma fuente y celebramos la memoria del inmenso y sublime amor que Cristo mostró en su pasión.

Por eso, para que la inmensidad de este amor se imprimiese más profundamente en el corazón de los fieles, en la última cena, cuando después de celebrar la Pascua con sus discípulos iba a pasar de este mundo al Padre, Cristo instituyó este sacramento como el memorial perenne de su pasión, como el cumplimiento de las antiguas figuras y la más maravillosa de sus obras; y lo dejó a los suyos como singular consuelo en las tristezas de su ausencia.

Responsorio

Todos:

Reconoced en el pan lo que estuvo colgado en la cruz; en el cáliz, lo que manó del costado. Tomad, pues, y comed el cuerpo de Cristo; tomad y bebed la sangre de Cristo. Ya estáis hechos, vosotros, miembros de Cristo.

Salmista:

Para que no viváis separados, comed al que es vínculo de vuestra unión; para que no os estiméis en poco, bebed vuestro precio.

Todos:

Ya estáis hechos, vosotros, miembros de Cristo.

HIMNO FINAL TE DEUM

A Ti, oh Dios, te alabamos;
a Ti, Señor, te reconocemos.

A Ti, Eterno Padre,
te venera toda la creación.

Los ángeles todos, los cielos
y todas las potestades te honran.

Los querubines y serafines
te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo, es el Señor
Dios del Universo.

Los cielos y la tierra
están llenos de la majestad de tu gloria.

A Ti te ensalza
el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires.

A Ti la Iglesia Santa
extendida por toda la tierra,
te proclama:

Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo Paráclito.

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.

Tú eres el Hijo único del Padre.

Tú, para liberar al hombre,
aceptaste la condición humana,
sin desdeñar el seno de la Virgen.

Tú, rotas las cadenas de la muerte,
abriste a los creyentes el Reino del Cielo.

Tú te sientas a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.

Creemos que un día
has de venir como Juez.

Te rogamos, pues,
que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa Sangre.

Haz que en la gloria eterna
nos asociemos a tus Santos.

Salva a tu pueblo, Señor
y bendice tu heredad.

Sé su pastor
y ensálzalo eternamente.

Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.

Dígnate, Señor, en este día
guardarnos del pecado.

Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre.

Oración
Presidente:

Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión; te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú, que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN
De rodillas

Tantum ergo sacramentum
veneremur cernui,
et antiquum documentum
novo cedat ritui;
praestet fides supplementum
sensuum defectui.

Genitori, Genitoque
laus et jubilatio,
salus, honor, virtus quoque
sit et benedictio:
procedenti ab utroque
compar sit laudatio. Amén.

Director:

Les diste pan del cielo.

Todos:

Que encierra en sí todo deleite.

Director:

Oremos: Oh Dios, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.

Todos:

Amén.

Este último canto y su correspondiente oración conclusiva tienen concedida precisamente en la presente solemnidad Indulgencia Plenaria. (Enchiridion Indulgentiarum, num 59).
Reservado el Santísimo, y antes de despedir a la asamblea, se canta la Salve a la Virgen o un canto apropiado.